Ruleta laboral

Llega un punto de la vida, en la que si de trabajo se trata, juegas a la ruleta rusa y esperas que te pegue la “bala” laboral de una vez por todas. De seguro te ha pasado. En especial si eres licenciado en Comunicación Social, con experiencia y residente en un país dónde la comunicación y el periodismo, son la última rueda del coche.

Con un excedente de comunicadores y periodistas, buscar trabajo en la rama se vuelve igual que buscar agua en época de sequía, en África. Es complicado, difícil, frustrante, pero seguimos en la marcha pese a las patadas que nos da el destino.

Los números desconocidos

Llegan a las horas menos indicadas y cuando uno se encuentra en el peor momento: cruzando una calle transitada; en la metrovía a hora pico; por alguna carretera en medio de la nada; mientras estás en el baño; lavando platos…etc.

Llegan sin avisar y al escuchar la típica canción que la mayoría de ecuatorianos pone en su celular en lugar de un sonido neutral, nos matamos a toda carrera para responder y desear que el interlocutor sea nuestro ángel laboral y que nos conceda el deseo.

No. Nuestras ilusiones nos juegan la “cuca” vilmente. Justo, cuando evitas usar tu teléfono para conversar para optimizar señal, batería, etc. todas las operadoras; tarjetas; cursos;  números equivocados, bingan el tuyo.

-Aló, con la Srta……

-Sí, buenas tardes, en qué puedo ayudarla?

-Nos comunicamos de la empresa….

-Sí, dígame!

-Es para comentarle las promociones de…

Y la ilusión se va tan rápido como nos tardamos en decir, con mal genio “NO gracias”.

Las mentiras piadosas 

Así como uno se esmera poniendo linda la hoja de vida, algunas empresas también con sus anuncios. Los ponen tan atractivos, que uno termina aplicando por inercia así implique vivir en otra ciudad. Es que se lee tan bien, que vale la pena intentarlo.

En la primera semana de búsqueda de trabajo, llevo ya tres, llamaron de un canal local. Era perfecto, el mismo día que envié carpeta, se comunican para concretar una entrevista.

La televisora quedaba en Azuay. Perfecto, adoro el clima de la sierra.

El anuncio en cuestión decía: Se solicita periodista para medio televisivo con experiencia mínima de uno a dos años. Buen sueldo y beneficios de ley.

Excelente. Era una muy buena oportunidad considerando que se puede ganar experiencia en un canal local y luego aspirar las grandes ligas.

– Aló, buenas tardes con la Srta…

-Sí, dígame.

-Le saluda… del canal … usted envió su hoja de vida para el cargo de periodista.

-Correcto, en qué puedo servirla.

-Queremos ver si le interesa para concretar una entrevista, aquí en Azuay. No tiene inconvenientes, cargas familiares, esposo, etc.

-No, en absoluto. Estoy disponible.

-Perfecto, déjeme contarle de qué se trata, a ver si aún así sigue predispuesta.

-Ok, dígame.

-Se trata de un canal local aquí en Azuay. Es un canal pequeño y estamos en la búsqueda de una periodista que también haga de presentadora del noticiero semanal que manejamos. Le interesa?

-Por supuesto, continúe.

-El noticiero dura una hora y media a dos horas, depende. Se transmite una vez a la semana, en horario estelar. Tiene experiencia como presentadora?

-Claro.

-Perfecto. Déjeme seguirle contando. El o la periodista, debe encargarse de llenar todo el noticiero. Manejar la línea editorial y el contenido completo. No tenemos coordinador de noticias…

-Ok, no habría ningún problema. Una vez a la semana dijo que era el noticiero? Existen más reporteros?

-A eso voy. Por el momento no contamos con más reporteros. Adicional, el o la periodista tiene que coger la cámara y salir a realizar sus propias notas. No tenemos camarógrafo.

-Ok. O sea que la persona a contratar debe reportear, editar, grabar, coordinar contenido, presentar el noticiero…también transmitirlo? Cuánto es el salario que ofrecen.

-850 dólares. Usted decide si se le paga por factura o en relación de dependencia. Está interesada para coordinar la entrevista?

-Ah ya. Le puedo confirmar mañana a ver como estoy de agenda…Adiós.

Literalmente, con esa llamada, me sentí una forever alone en un canal, auto “sefiandose” el pantallazo. Capaz le faltó agregar abrir el canal, o limpiar, realizar el streaming, etc.

Los falsos positivos

Quizás  en algún momento todos hemos tenido trabajo acumulado, sumado de una serie de tareas que llegan a diario llegando a ese punto que queremos huir o que los duendes mágicos aparezcan y nos entreguen el trabajo listo. Pero, en el mundo real y cruel, existe quienes pagan para solapar sus incompetencias.

Viernes, 20:30

-Aló, buenas tardes, con la Srta…

-Sí, dígame.

-Usted aplicó para el anuncio de periodista y coordinador de información…

-Sí, le envié un correo.

-Perfecto, estoy realmente desesperada. Necesito una persona responsable, urgente, que me ayude editando, verificando y solicitando detalles para un proyecto con el Ministerio… de una app que vamos a lanzar en octubre.

-Perfecto, de qué se trata?

-Necesito que la persona se siente con el programador y vea que el suba la información. el trabajo solo sería de dos semanas. Esto tiene que salir ya, urgente. Prácticamente toda la información está casi casi que completa. A lo mucho sería solo de pedir ciertas fotografías, editar algún texto…

-Sí, la entiendo, ya he realizado ese trabajo…

-Cheverísimo. Está interesada? Ofrezco $200 para la persona. El trabajo lo puede hacer desde casa, pero sí necesito que se reúna con el programador periódicamente y se comprometa a que esto salga.

-De pronto existe una oficina dónde hacer base?

-Sí, queda en…(sector feo). Pero debería traer su propia computadora porque aquí están todas llenas..-

-Oh. (Segundos para pensar excusa válida y no ser grosera). Estoy en Quito por una capacitación. Es hasta este fin de semana y no tengo hora de llegada ( mentira piadosa, el tequila, cerveza y un día para vagar era más tentador). De pronto para otra ocasión, que inicie un proyecto desde cero…

-Oh, en serio. Seguro no puede venir antes? Está bien, le agradezco.

Es en serio? $200 para completar un proyecto d un ministerio al que seguramente le sacaste harta plata y qué triste que la persona ” a cargo” sufrió un percance justo ahora. No hace falta para plantear varias hipótesis:

¿Seguro tendría la chica casi casi toda la información completa?

¿Si es de una agencia por qué no tiene una oficina con mayor espacio?

¿Confía tanto para decir “trabaje desde casa”?

No. Definitivamente prefiero intentar de cajera, recepcionista, etc. Lo que sea! Ya con una experiencia de estafa a mi hermano por un proyecto de diseño de tres meses y con “contrato” en mano (por cierto ladrona, si lees esto, ya paga la plata loca), nadie me aseguraba que me iban a pagar esa suculenta suma de $200…

Quién diría que en tres semanas de búsqueda de trabajo, pase todo y nada. Veamos cómo continúa la búsqueda y qué disparates lanza la ruleta laboral hasta que decida soltar la “bala”.

 

ruleta_rusa

El diablo viste “verde país”

3085599_640px.jpg

 

A la mayoría de personas sin duda debes sonarles el nombre Miranda Presley, personaje ícono de la película “El diablo viste a la moda”. Filme que recoge la situación laboral de algunos empleados a los que les toca aguantar un cargo por el dinero hasta poder encontrar el empleo de sus sueños. Y, sin duda, la mayoría de nosotros rogamos a diario por no encontrarnos con una Miranda Presley en nuestro trabajo.

Yo la encontré hace un mes para ser exactos. Me atrevo a decir nuevamente que la mayoría de nosotros conocemos a Miranda Presley, su actitud prepotente en el que todos deben ponerse a sus pies con la primera orden que dicta, sea o no, su trabajo.

Sin embargo, yo no encontré una jefa que vista a la moda, sino de otras marcas y en especial, de color verde país. Color que lleva de estandarte también su tinte político pero que no representa la humildad que debería caracterizar a sus adeptos denominados “socialistas”, “humildes”, “sencillos”.

Al mismo estilo que “Andy” (Anne Hathaway), inició un jueves la lucha por sobrevivir en un puesto bajo las órdenes de Presley. Pero, a diferencia de Andy, yo no era su asistente, sino su comunicadora. Cargo que parece ser no reposa en el vocabulario de mi Presley.

Según la definición, “asistente” consiste en el cargo de asistir, auxiliar, en un acto o tareas a determinada persona. Mientras que “comunicadora” significa poseer una capacidad para transmitir opiniones, ideas, información sobre determinado tema, entidad, etc. A partir de aquel jueves, mi profesión fue transgredida, pisoteada y se puede decir que también humillada. Pues mi Presley confundió ambos términos y el rol de comunicadora pasó a un quinto plano.

Presley tenía un tacto único para resaltar lo que Andy  hacía mal. Como decía mi abuelita, “uno debe saber hacerlo todo para poder dar órdenes y supervisar”, Presley dominaba todo el mundo de la moda y tenía argumentos sólidos y consistentes para humillar a Andy por ir mal vestida o no saber cómo se escribe Dolce Gabbana. En mi caso, no.

Mi Presley a duras penas y leía un mensaje por whatsapp y llamaba, urgente, a que le enviaran un mensaje con la respuesta tal cual para copiar y pegar. Es decir, sin leerla. Es extraño como alguien con una profesión de tercer nivel y supongo, un buen currículum, no lea cosas esenciales pese a ocupar un cargo jerárquico en el cual, la lectura de oficios, es algo lógico y básico.

Es aquí cuando pienso y  casi afirmo que la corrupción si existe en el actual régimen. Existe porque hay funcionarios públicos que asumen un cargo para el que no están capacitados. Y todavía osan en decir que llegan a limpiar las arcas estatales de funcionarios que solo están por el dinero. Debería empezar por el que recién llega. Debería empezar por aquellos que no saben la palabra vocación ni entrega absoluta por un puesto. Deberían empezar por aquellos que no leen.

Debería incluso, empezar por quienes llegan a hacer política y pasar las ocho horas laborales en chismes del partido por el cual están dentro de ese cargo, en lugar de coger oficios y leer las competencias de su puestos.

Pero tranquilos, para eso existe una niñera. Perdón, una comunicadora. Una comunicadora que se ve relegada de levantar información de la institución. Pues a Presley, se le olvidó o no le avisaron, que la institución debe estar por sobre el jefe no el jefe por sobre la institución. Algo similar al eslogan del Gobierno “el humano por sobre el capital y no el capital por sobre el humano”…

Si creíamos que no podría haber persona peor que Miranda Presley, nos equivocamos. Las humillaciones o repeladas de Presley son un consejo amoroso a lado de las que uno puede recibir por parte de un diablo que viste “verde país”. Parece que ese color les da súper poderes o les ayuda a su ego a crecer de forma rápida como los pollos con hormonas, que ni en una semana se creen iguales o superiores a un Presidente o ministro.

Sí, el trabajo de uno era poner la alfombra roja a la salida del carro y abrir las puertas del mismo. Tener un café, armar una agenda sujeta a cambios de los que ni avisaban, pero tener una esfera de cristal para adivinar esos inconvenientes.

A veces el diablo no viste a la moda, sino verde país. Pues las pocas conversaciones que se lograban escuchar, eran con sus amigos del mismo círculo o argolla verde y política. Color que le daba, solo a ella, el poder absoluto, total y magnánimo que ni el propio líder de la asociación o de la Cartera de Estado tenía.

Es más, autoridades de mayor rango visten más sencillos. Dejan a un lado Prada, Channel y Gabbana, por usar un jean normal, quizás de marca Tommy; Disel; y una camiseta Polo, para cualquier evento. Sin complicarse la existencia. Es que siempre insisto, la vida es más fácil y práctica con jean, blusa, bléiser y unos zapatos de lona.

Pero bueno, si la gente se complica, sí, la culpa es de la comunicadora. Así sea Presley la que se vaya de colada a eventos a las que no la invitan, sino la nombran… Sí, culpa de la comunicadora. Faltó poco por decir que hasta el que no haya un espejo en el baño sea culpa de comunicación.

Dos semanas y media, y un par de pláticas con mi yo interior y mi ego, me determinaron a pensar una sola cosa. Renunciar. Sí, renunciar. ¿Renunciar en una época en el que el trabajo para los comunicadores y periodistas escasean igual que los víveres en Venezuela? Un par de días decidí aguantar a mi Presley. A ver si de pronto al ir con tacones, cabello alisado, tener un manojo de carpetas con la agenda y conseguirles puestos exclusivos funcionaban para ganar al menos el silencio.

No. No funcionó. Solo en “El diablo viste a la moda” eso funciona.  Justo el día en que ella decide ser humilde por una sola vez y vestir jean, camiseta y zapatos, su asistente indica que había una reunión simple. Se equivocó. Parece que adoptó bien el ejemplo de su jefa y no leyó el oficio. Se trataba de un evento en un municipio y qué, para variar, nadie de esa institución sabía. Y sí, la culpa de la ignorancia del personal de la alcaldía también fue  de la comunicadora.

Dejé que vaya con su “papel de pendeja” (así tal cual lo expresó con una mirada de odio a matar), a la reunión. Yo, al puro estilo de Andy en París, decidí dejarla botada en Daule. Sin agenda, sin coordinación y sin recorrido.

Decidí ser feliz. Ser libre. Tener dignidad. Porque al fin y al cabo, solo eso nos hace esenciales. Como una amiga me dijo alguna vez, “no estás dejando una oportunidad laboral. Eres una chica inteligente, superior, responsable y brillante. Al renunciar, solo se obtiene dignidad”.

Sí, no tengo empleo pero tengo dignidad. Después de todo, pequeños actos así le enseñan a los devil wears verde país, que si creen que el Ecuador es de ellos, están equivocados.

Hoy es ese día

Ese momento en el que te planteas muchas cosas, situaciones, sentimientos hasta hipótesis…es ese mismo momento en el que quisieras que el médico se equivoque. Que todos sus años de estudio den un mal resultado y que todo terminase en un “lo siento, nos equivocamos”.

Pero no. Lamentablemente uno termina escogiendo a médicos cerebritos, nerds, que a pocas y secas palabras, dicen el veredicto final con solo ver una imagen. Solo te dan una esperanza diciendo que esperes una operación como para que aquella visión de la imagen sea errónea y su ojo quede calificado como malo. Pero no. La vida, la puta vida, no funciona así.

Los errores solo quedan para las películas, las malas decisiones y el amor. Para la enfermedad, no.

Hoy es el día, tarde, noche y quizás madrugada sino logro dormir, en el que permito odiar al mundo, a la vida, y quien sabe a qué cosa más.

Hoy es ese el  momento en el que vuelvo a plantear mi convicción de que es mejor no saber ciertas cosas, mejor dicho todas, porque todo duele. Desde la enfermedad hasta el desamor y el bolsillo.

Hoy es ese día en el que las injusticias asoman. En el que Dios le da barba a quien no tiene quijada y no solo aplica para el ámbito laboral o amor. Sino hasta para la salud.

Hoy es ese día en el que dan ganas de mandar absolutamente todo a un punto más allá del infinito y cuya mala palabra seguro sería censurada por gente que se escandaliza a verla escriba más no si alguien desconocido la gritase en la calle en cualquier pleito. Sí, ganas de mandar todo a la m, la v y demás denominaciones del alfabeto.

Hoy es ese día en el que uno se plantea para qué. Para qué carajo aguantar un trabajo que definitivamente no es el de tus sueños. Para qué ahorrar dinero si al final la vida, hoy sí, la puerca vida, se puede acabar en un minuto o dictarte una sentencia cuyo paso del tiempo va a retumbar en tus oídos peor que un reloj con péndulo. Para qué pensar en tener hijos o soñar con el “amor ideal”.

Hoy ese ese día en el que dan ganas de dejarlo todo y atreverse a conquistar ese mundo que relegamos por las obligaciones, por los estudios, por el ahorro, y por quien sabe que más.

Hoy es ese día en el que place cantarle las cuatro, sino son 10, verdades a la gente sin importar si ya no te hablan, si se resiente, en fin. Da igual, hoy todo vale. Verdades como por ejemplo, decir que no jodan. Que dejen de tocar la puerta de la habitación de mi mamá y vayan a ver a la suya, que vive pero la tienen muerta en vida por el mal trato, el pésimo cuidado y la falta de cariño, debiendo aprovechar que tiene más de 90 años y  con un pronóstico de vida mejor que el de la mía, que se limita.

Hoy simplemente es ese día en el que me permito llorar, desmoronarme y odiar al mundo, a la vida. Quizás y por qué no rebelarme ante una religión que se le ocurre justo a mi mamá darle la peor de las recompensas. A la final, si reclamo a un Gobierno que me sube impuestos, me quita el sueldo o limita las posibilidades de tener un empleo, por qué no reclamar a un Dios que limita la vida de mi madre, me la quiere quitar y le pone una enfermedad con un pronóstico deplorable.

Solo hoy es ese día. Mañana no. Mañana será el día de dejar de preguntar el por qué, y sonreír, continuar y disfrutar cada minuto, cada segundo, cada risa, cada abrazo.

A una guerrera, a una madre

El siguiente fragmento testimonial está dedicado a una guerrera, que más que guerrera, madre y más que madre, guerrera. 

Si Dios pudiera responderme dos preguntas esta noche, le pediría que me conteste: por qué mi mamá y cuál es el elemento que pone en todas las madres del mundo para darles una fortaleza infinita, inquebrantable y única.

IMG_2643.JPG

 

El legado es algo que persiste por generaciones y sin duda alguna, es algo que se conoce cuando se lo hereda. Estoy segura que algo invaluable que me dejará mi mamá algún día sera el amor y la fortaleza. Tal cual ella obtuvo de su madre, de su tía y seguramente de su abuela.

La mayoría de ecuatorianos el pasado 16 de abril perdió familiares, amigos, casas…Yo, la conciencia y la cordura. La tranquilidad y a breves ratos, la fortaleza. En mi familia se sintió un terremoto mucho peor, uno que tuvo como epicentro el lado parietal izquierdo del cerebro nada menos que de mi mamá…un terremoto cuyo epicentro y réplicas no se hicieron esperar como pérdida de la motricidad y fallas cognitivas al hablar o escribir.

En la mayoría de “réplicas” las risas nerviosas de alguien que nota como su memoria le juega a traición, su mente no coordina con su cerebro las acciones, son un reflejo de lo frágil y desesperante que puede ser esa situación que pareciere inofensiva. Quizás y la fortaleza se presente en eso, en mostrar la risa en lugar de lágrimas o tristeza.

Es incluso, en este punto, que cambia la vida  de todos. Que los cafés o helados se convierten en un vaivén de neurólogos y neurocirujanos a quienes se consulta con la esperanza de que aquellas cosas que uno googlea en la oficina, sean solo rumores o malos estudios publicados en internet.

No, no lo es. A víspera del día de las madres, el último especialista consultado no deja a un lado su irreverencia para exponer lo que sabe en su corta edad pero no experiencia. Un silencio en un consultorio…y la única palabra que se le puede entender a un galeno (urgente), se graban en la memoria. Las miradas lo dicen todo y el silencio también.

No hay que correr pero si apresurarse. El estrés es inevitable, el transcurso de las horas también. Pero aún cuando se podrían ver las cosas grises, ella pone un resplandor de sol. Pone una sonrisa en lugar de una lágrima y un abrazo en lugar de palabras. La fortaleza se hace presente, aderezada con fe y tranquilidad.

Un tumor te muestra muchas cosas a más de una circunferencia algo irregular al interior del cerebro. Te muestra los gestos de amor que quizás jamás se quisieron demostrar, la gestión y coordinación que puede tener una familia entera que son pocos pero que parecieran un ciento para demostrar que no estás sola ni en el rezo, te muestra que cada minuto y segundo de espera, valen oro.

No dice nada. Aún así, sus ojos alegres muestran un poquito de tristeza, angustia. Es normal, todos, incluso una madre, tiene derecho a quebrarse para renacer como el ave fénix y seguir poniendo un paso adelante. Así esté rota, herida, o loca. Las mamás tienen derecho a todo. En mi opinión, Dios debió poner un agregado aunque sea en letras pequeñas y prohibir el derecho d enfermarse a ellas, a las guerreras que luchan a su manera, para amar, para abrazar, consentir y aconsejar.

Son noticias como estas, las que hacen dejar a un lado los sueños por los pensamientos, las hipótesis y los recuerdos. Sobretodo éstos últimos producen una mezcla extraña, poco descriptible para quien no podría entenderlo sin sentirlo.

IMG_4635.JPG

Insisto, quisiera saber el por qué a mi mamá. La respuesta divina aún no la tengo. Lo único que sé, por parte del especialista, es que en vez de sacarnos la lotería o el pozo en dólares, lo hicimos en la genética. Simplemente las células no tienen nada más que hacer, se aburren y deciden engendrar un tumor. Así de fácil para ellas, así de complicado para nosotros.

Aquí es cuando el legado se hace presente. Cuando lo Bravo no está solo en cinco letras que representan un apellido, sino un espíritu, una legión, una batalla y una fortaleza con la que se vencerá cualquier obstáculo imaginable.

Hace meses que no escribo. Hace meses que me sumergí en las series por internet dejando a un lado las letras. Pero hoy decidí tomarme unos minutos para escribir un pequeño fragmento sobre una mujer que toda la vida desde que tengo uso de razón, es guerra y más que guerra madre, la mía. Porque entre uno de los tantos legados que pueda heredarme, también están los dotes autodidactas de escritora y poeta. De romántica y soñadora. De cuerda y loca.

fin de año 2014 093.JPG

De que la vida es una brevedad pasajera que toca vivir intensamente. De que si uno se cae, nos levantamos todos. De que la imaginación es el arma más grande que un ser humano puede tener y , sin duda alguna, todas las mamás la tiene de sobra.

Como dijo el escritor Julio Cortázar: ”  Mi madre fue muy imaginativa y con cierta visión del mundo (…) con ella, tenía un juego: mirar el cielo y buscar la forma de las nubes e inventar grandes historias”.

De por sí, su vida misma es una gran historia. una historia que comenzó con la lucha por sobrevivir al nacimiento prematuro, a una ceguera, a unos nervios locos que causaban desmayo por cualquier cosa. Estoy segura, que guerreras como ella, pueden luchar por el mundo entero, pero sobre todo, por el mundo de sus hijos, de su esposo, de su familia.

Para terminar este fragmento no tan fragmento, solo me queda repetir que las madres deberían tener un código que prohíba su enfermedad. Estoy segura que si San Pedro permitiera referendos a la Constitución divina (la Biblia), el mundo entero pediría que las madres sean las únicas que no se enfermen, que no sufran y que sean eternas no solo en un recuerdo.

 

Terremoto de 7.8 º en la escala cerebral

Las catástrofes y las “malas” noticias jamás llegan solas. El pasado sábado 16 de abril, todos los ecuatorianos merendamos un terremoto de 7.8 º en la escala de Ritcher.

En ese instante, de 42 segundos, el susto fue el platillo principal de la merienda. Luego vino el proceso de inercia por una comunicación y respuesta inmediata del familiar, amigo, conocido, para saber que estaba bien. Posteriormente, como siempre, a los pocos minutos comenzaron los chistes jocosos sobre un “temblor” aparentemente fuerte en redes sociales.

Finalmente, llegó el postre: una provincia devastada, Manabí; otra severamente dañada, Esmeraldas; y una levemente golpeada, Babahoyo. Pero antes de tener reportes de la magnitud del daño, nos comimos la cereza de un puente caído en la Perla del Pacífico y daños superficiales en los centros comerciales y locales de comida cuyas estanterías de víveres cayeron como piezas de dominó.

Al día siguiente empezaron, como desayuno, a circular las fotografías de lo que era Manabí y lo que quedaba. También mensajes de ayuda de cientos de personas atrapadas en escombros y de voluntarios dispuestos a dejar sus casas para trasladarse a las provincias a dejar centenares de víveres y ayudar en lo que se pueda.

Entre ese colapso de viviendas, voluntarios, víveres que iban y venían al vaivén de las manecillas de un reloj, las réplicas telúricas también se hicieron presentes, convirtiéndose en ese ente que evita conciliar el sueño, disfrutar de un plato de comida o laborar de manera normal en la oficina.

Como aparecían réplicas, también rescatistas de todas partes del mundo. Para el planeta, Ecuador era el eje central del envío de todo tipo de ayuda, incluyendo la económica. Fue en ese instante, que como el ave fénix que surge de las cenizas, que los sobrevivientes empezaron a surgir de los escombros, convirtiéndose en un foco de esperanza entre una población sumergida en la oscuridad del desastre y la eléctrica.

A diario, los reportes tanto oficiales como mediáticos eran el pan cotidiano. A todas horas, surgía información: que si más muertos; más casas afectadas; más ayuda humanitaria; más damnificados, etc. No había absolutamente nada más en la agenda semanal.

Incluso, las labores en el trabajo tuvieron un giro de 360º. Todo se convirtió en un centro de donaciones que despachaba cuanto recibía. Labor maratónica que estuvo acompañada por el ir y venir de empleados que registraban y verificaban daños en los sectores aledaños, etc.

Unos dos días después, las noticias por fin toman un giro nuevo: las historias tras las casas caídas y las pérdidas de vidas humanas. También planes económicos para reconstruir pueblos destruidos y las críticas en redes sociales de las mismas, en fin. Las réplicas seguían haciéndose presentes.

El día anterior a cumplirse una semana de la catástrofe, surgieron dos réplicas fuertes de madrugada. En la mañana, surgió otra que hizo vibrar algunas edificaciones y hacer salir corriendo a todos los trabajadores. Hasta ese punto, todo seguía siendo normal, cotidiano en una semana en la que las réplicas eran como la lluvia que cae en época invernal.

Sin esperarlo, casi a la misma hora del terremoto del pasado sábado 16 de abril, surge uno más profundo, de esos que atraviesan un corazón y desmoronan las paredes sentimentales hasta del más fuerte: un diagnóstico médico irreversible, que se presenta en el mapa cerebral de una resonancia magnética. La de mi mamá.

Terremoto cuyo epicentro fue el cerebro y devastó no solo al núcleo familiar directo, sino también a todos los parientes maternos. El diagnóstico, aun no confirmado, un posible tumor que se desconoce si es benigno o maligno, pero que está ahí…marcando su epicentro y produciendo réplicas como fallas cognitivas en la escritura, debilidad de todo el lado derecho y problemas en el habla.

Como en el ciclo inicial, uno entra en negación. La mente empieza a desvariar en cualquier otra situación y prefieres no pensar hasta no ver algo contundente. En los próximos minutos, surgen las imágenes de la catástrofe: la resonancia haciendo notorio una bolita blanca en la parte temporal izquierda del cerebro, con una sombra oscura que denota una hinchazón.

Ahí, cuando abres los ojos a la realidad, te das cuenta que te conviertes en un afectado más por un terremoto. Ves absolutamente todo devastado pese a que aún continúen estructuras fuertes como la fe y la unión familiar. Es la inercia del desastre, momentáneamente nos bloquea, como cuando nos caemos y antes de levantarnos, nos acogemos al dolor aunque sea por unos cuantos minutos.

Luego, viene la información. Empezar a regar la noticia a la familia allegada para que conozca la realidad y el terreno frágil por el que se camina. Acto seguido, la ayuda.  Desde ese instante no dejaron de faltar las averiguaciones y contactos para un neurocirujano, tampoco los nexos para poder averiguar trámites en el seguro social para que costeen lo que se viene: la reconstrucción de una salud.

Las visitas se hicieron presentes, no para traer raciones de comida, sino una palabra de aliento y la predisposición a ayudar en cualquier momento y estar pendientes al primer llamado de emergencia.

Luego, como una rosa que destella hermosura pero a la vez tiene esas espinitas que conmueven el corazón, ves la sonrisa de los afectados que decidieron no asumir una tristeza sino una fortaleza y alegría ante la desgracia. A fin de cuentas, es el amor, la fe y la esperanza lo que lleva a mantener una paz interior que reconforte cuanto golpe reciba el cuerpo y el espíritu.

Un terremoto, de una u otra forma, cambia muchas vidas. Es en ese instante de vida, ante la devastación, que la mente empieza a exhortar preguntas para cuestionar el largo o corto camino que lleva una persona en el mundo, en el planeta, en la familia y lo más fatal, si estás preparado para ver “derrumbar” a esa persona ante tus ojos…

 

Fragmentos de una verdad a ciegas

Dicen que todo amor en el periodismo está condenado al fracaso. Jamás había imaginado lo contundente de esas palabras.

El problema, también, radica en que al ser periodistas necesitamos siempre una respuesta por muy cortopunzante que sea o por mucho que intuyamos la misma…Somos seres masoquistas que necesitamos ese puñal para expulsar la sangre y tristeza acumulada de lo inevitable.

Hace cincos años que se acabó. Para ser años, una herida tuvo el tiempo suficiente para cicatrizarse y la persona continuar. Pero al ser seres atados a una verdad, a una incógnita, a una intriga, la herida persiste. Con una cicatriz temporal, pero persiste.

Queda latente cual corazón con marcapasos…latidos que no dejan dormir en noches frías o calurosas. Más aún cuando retumban en el subconsciente, en la memoria y en el alma.

Es la historia de él. Él único hombre que hasta el momento, dijo amar. En dos años y medio pasaron muchas cosas. Altos y bajos. Sobretodo bajos que fueron lastimando la confianza, el cariño y el amor.

Luego de cinco años de agonía latente, al fin esa incógnita se despejó. Se despejó de tal forma contundente que la sangre que emanó la herida aún no se sabe si fue de dolor; amor; frustración; satisfacción.

Durante esa relación, los bajos perduraron hasta el fin de los días, los mensajes y las llamadas. Fue tan fuerte el descaro y las mentiras…que la frase ” te amo” quedó en duda de ser un sentimiento verdadero en él. ..

Sí, esa era la incógnita latente… saber si fue alguna vez verdadero ese sentimiento, con tantas mentiras.. ¿Cómo saberlo? Sí el adiós fue tan fugaz como la relación en sí misma.

Lo quise, lo amé, por poco lo idolatré. En algún punto del rompimiento, intentamos volver…pero regresar para atormentar a la otra parte por sus fechorías no era sano. A la larga el sabor de la satisfacción por la venganza es tan efímero como el sabor de un chocolate en la boca.

Decidimos decir el adiós definitivo….o al menos eso creí. Sí, a los dos años volvimos a encontrarnos. Yo era igual, él no. Tenía una vida, una familia…Quizás y el sentimiento tampoco era el mismo… A la final eso nunca lo sabe, lo siente, lo observa…sus gestos, su mirada, su trato, su risa…sus palabras.

Los reencuentros nunca faltaron. Siempre eran superficiales. El primero no, fue nostalgia con ternura…pero el resto sí. Así era en ocasiones esporádicas, tendrían un espacio de tiempo de meses para volverse a reencontrar. Ese era su karma…en el fondo, él no es feliz con quien vive…lo saben.

Por fin tomé valor. Decidí preguntarle y sacarme de una vez la espina aún incrustada en la herida sangrante a gotas esporádicas. Dudé. Dudé de que quiera decírmelo. De que quiera hablar o de que piense que aún el sentimiento prevalece.

Tomé valor y le pregunté. Su respuesta fue tan cortopunzante como su verdad. Sí me amó, mucho según dice. Y fue la distancia, bendita distancia, la que nos separó. Aquí recuerdo la frase inicial..-todo amor en el periodismo está condenado al fracaso.

 

Fragmentos

No existe mayor fatalidad que lo incierto. Como no saber si te extraña por ejemplo.

Aplica para él. Para el acompañante de aventuras efímeras de un 2015 incierto y de grandes cambios.

¿Sería capaz de describirlo en este diálogo conmigo misma? Probablemente no. La clandestinidad era nuestro fuerte, nuestro todo.

Sin embargo, llegó el momento de dejarlo en el lugar que corresponde: en lo mejor y peor del 2015.

En lo mejor por ser aquel compañero y amigo ideal para aplacar la soledad. Lo peor, por ser el causante de iras, pensamientos y desilusiones.

Total, sin esas emociones intensas, la vida sería vacía. Así de vacía sin él. Ese es el precio por vivir y amar intensamente.